Con la llegada del otoño, el cuerpo queda más expuesto a lesiones musculoesqueléticas debido al frío, que reduce la elasticidad de músculos y tendones y hace más lenta la preparación física antes de entrenar. Este cambio puede favorecer molestias como desgarros, contracturas, tendinopatías e incluso dolor lumbar, sobre todo cuando la actividad se inicia sin una activación adecuada.

Especialistas recomiendan prolongar el calentamiento entre 10 y 15 minutos, incorporar ejercicios de movilidad y aumentar la intensidad de forma gradual. También sugieren usar ropa que ayude a mantener la temperatura corporal, especialmente en entrenamientos al aire libre, para evitar que la musculatura trabaje en condiciones de mayor rigidez.

A esto se suma la importancia de mantener una buena hidratación, aun cuando baja la sensación de sed, y de no descuidar la recuperación posterior al ejercicio. Ajustar la rutina a las condiciones propias de esta temporada permite reducir lesiones y sostener un mejor rendimiento físico durante los meses fríos.