• Por Mauricio Benítez, Académico USACH y Socio SW Chile.

Esta semana el Banco Central dio una señal que el país esperaba desde hace años: anunció avances para fortalecer los pagos instantáneos en Chile y facilitar su uso en comercios. Es una buena noticia, pero también evidencia un rezago que el país debe superar.

Durante la última década, los medios de pago se transformaron en todo el mundo. China abrió el camino con plataformas como WeChat Pay y Alipay, mientras que Brasil demostró con Pix que es posible masificar pagos digitales simples, rápidos y accesibles para personas y empresas. Chile, en cambio, ha avanzado más lentamente.

Las principales afectadas son las pymes. Aunque representan la gran mayoría del tejido empresarial del país, muchas siguen enfrentando barreras y costos para acceder a medios de pago digitales competitivos. Esto limita su crecimiento y las obliga, en muchos casos, a depender de mecanismos menos eficientes.

Por eso es positiva la dirección que está tomando el Banco Central. Un sistema de pagos instantáneos interoperable puede aumentar la competencia, reducir costos y facilitar las transacciones entre personas y comercios.

Sin embargo, el desafío recién comienza. Para que esta transformación sea exitosa, debe garantizar tres elementos: interoperabilidad real entre bancos, fintech y billeteras digitales; costos accesibles para usuarios y comercios; y una implementación rápida que entregue beneficios concretos en el corto plazo.

Los pagos son una infraestructura tan relevante como las carreteras o las telecomunicaciones. Modernizarlos no es una moda tecnológica, sino una herramienta para impulsar la productividad, la inclusión financiera y el crecimiento económico. En definitiva, es una forma concreta de apoyar a quienes mueven gran parte de la economía chilena: las pymes.