Cada vez más comunidades educativas entienden que la verdadera inclusión va más allá del discurso, y que comienza con una actitud positiva hacia el autismo. Este enfoque, basado en el respeto y la comprensión, permite generar entornos escolares donde la diversidad es un valor y no una barrera.

Expertos en formación docente destacan que una actitud inclusiva se refleja en prácticas concretas: evaluaciones flexibles, apoyos visuales, entornos estructurados y colaboración profesional. Estas estrategias fortalecen la confianza en las capacidades de los equipos educativos y contribuyen al bienestar del estudiantado con condición del espectro autista.

Un ejemplo de este compromiso se vivió en la pasantía internacional “Herramientas teóricas y prácticas para la inclusión del alumnado autista en etapa escolar”, realizada en la Universidad de Burgos y promovida por la Universidad Andrés Bello. Los participantes regresaron al país con el desafío de aplicar proyectos de transformación educativa que reemplacen el miedo por conocimiento y la tolerancia por verdadera comprensión.